Por: sebat

Dicen – lxs que lo vieron -que nunca dijo nada, no delató a nadie, no titubeó a la hora de defender a sus amigxs. Comentan -lxs pocos que lo vieron- que nunca mandaba al frente a une compañerx, que era amigo, pero amigo de verdad. Admiran -lxs últimos que lo vieron- que la bancó hasta el final y nunca dejó en banda a nadie. Todxs los que lo conocían hablan de lo mismo, “Lucas, tenía códigos, un montón”, “el chabón era de fierro, olvidate” -repiten sin parar-. Lucas era un pibe de barrio, tenía ideales, militaba, intentaba “deconstruirse”, estudiaba letras. En diciembre del 2018 la policía de Alfredo lo encerró diez días por instar a una manifestación sin autorización a través de las redes sociales, no pudo ni quejarse al menos. Estuvo por comerse nueve días en una celda fría, alguien pagó un multa, Lucas se salvó. Sofía, igual. Luchadora, feminista, tiraba magia escribiendo en revistas y en las marchas del #NiUnaMenos y las de #AbortoLegalSeguroyGratuito que empezaron a mover la estantería del orden social, siempre estaba al frente. Estudiaba Artes visuales en la UNCuyo. Tenía un talento especial y desde hacía muchos años era activa socorrista abortera. Todos los que la conocían hablan de los códigos de Sofía, de su lucha, de su compromiso. A principios de 2019 después de una marcha la policía de Alfredo la detuvo. Por más que gritó la encerraron en un móvil lleno de tipos que la miraban lascivamente y la llevó en la oscura noche a una comisaría del Gran Mendoza. Recién al día siguiente supo ella, su vieja y sus amigxs que quedaba detenida 16 días por colgar carteles en edificios públicos y por ofender a funcionarios de seguridad. Doble falta. Doble contravención a otros códigos… los códigos de Alfredo.

 

¿Qué es un código?

Por allá por 2015, en Godoy Cruz, mientras escabiábamos algo con amigos en la puerta de la casa de uno de ellos, se acercó un “loco” que mendigaba. Traía a la rastra un carrito de supermercados VEA en muy mal estado (de esos que se les doblan las rueditas y les cuesta ir derecho), lleno de bolsas y ropa vieja. Vino a pedirnos una moneda. Ni bien llegó bardeó un toque y, “típico de loco”, tiró incoherencia tras incoherencia. Le dijimos que no teníamos más plata y nos volvió a bardear porque no le respondíamos lo que él quería escuchar, porque no le seguíamos la charla y qué sé yo que más. En un momento, un amigo que no tiene filtros le dijo con mucho respeto: “Sabe qué pasa maestro? Hablar es comunicarse, y para comunicarse hay que compartir código. Usted no lo hace y la verdad no se le entiende nada”. Elloco” obviamente no reparó en el sentido de la frase y se fue no sin antes gritarnos y seguir agitando porque no le dimos una moneda. Ninguno de los pibes le perdonamos a fondo a nuestro amigo que le haya dicho eso al “loco” con tal frialdad. Mucho menos cuando después de cinco o seis metros el colifa giró su cabeza hacia nosotros y nos dijo algo sobre el amor y la vida. Algo que no olvidaremos nunca ninguno de los que estábamos ahí, y que hasta el día de hoy me pone la piel de gallina recordar.

Eso que dijo Fede, mi amigo, traducido rápidamente significa: “sin código no hay comunicación”. El código conlleva sentidos y posibilita la unión. La misma es el fundamento y la base de todo aquello que conocemos como lazo social, y es la sociedad la que deposita (¿la mayoría de veces sin suerte?) el Poder en manos de sus gobernantes.

El sistema representativo del que hablamos, inmaculado y cuestionado por igual (dependiendo de los vientos políticos que soplen), empodera personas, partidos, organizaciones. Otorga privilegios a los ganadores y los pone en lo más alto de la esfera social, les brinda la superestructura jurídica y los aparatos de control y vigilancia y así el monopolio de la violencia institucional a través de las fuerzas de seguridad. Mantener el orden y la cohesión social es uno de los pilares del Estado de Derecho, de eso no hay dudas y está normalizado (esto es ratificado cada vez que ves un policía caminando por la calle, cada vez que escuchas hablar de un juez en los medios, cada vez, inclusive, que te enseñaron en la Escuela lo que está bien y lo que está mal). Lo que no era tan normal desde hacía muchos años es que un gobierno utilice discursivamente el código ORDEN tan repetidamente, con tanto énfasis y con un significado tan relacionado a la Vigilancia, al libre albedrío Policial y a la Represión. El último ejemplo claro de esto en Mendoza es el Nuevo Código Contravencional del Gobernador Alfredo Cornejo.

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*Cabe aclarar que si la escena en Godoy Cruz la imaginás a fines de 2018 o en 2019 con el Nuevo Código en vigencia, dos artículos de los nuevos, de autoría Cornejo,  nos caerían en la cabeza. Tanto mis amigos como “el loco” somos pasibles de ir presos por hasta 9 días. Nosotros por beber en la vereda de mi amigo (art 89) y el “colifa” por cometer la barbarie de mendigar (art 91) Si, mendigar, pedir, ser pobre, puede ser sancionado con más de una semana en cana ¡Ahí lo tenés al cambio!

¿Qué es un Código Contravencional?

Una contravención es una falta. Es una conducta que pone en peligro algún bien pero que es considerado de menor gravedad y que, por tanto, no constituye delito. Tiene que ver con todos aquellos actos que ponen en peligro la convivencia de la vecindad.

Un Código contravencional es entonces un conjunto de tipificaciones que comportan significados capaces de definir la actitud de las personas con respecto a su vida en determinado corpus social, es un listado de acciones que demarcan lo que está bien y lo que está mal, y tiene más que ver con la moral y las buenas costumbres que con lo plenamente jurídico. Un código de faltas o contravenciones tiene que ver entonces con llevar la vigilancia a niveles más allá de los propiamente legales.

Los Códigos de Alfredo

A través del nuevo código de faltas impulsado por Cornejo y su horda de legisladores, la policía de Mendoza tiene más poder que el que estrictamente ya le otorgaba la Ley. Las faltas o contravenciones que el nuevo código detalla tienen sanciones más rápidas, arbitrarias y por supuesto más intrusivas que las que operan en cualquier renglón del código jurídico-penal. El nuevo código de Alfredo tiene más que ver con la vigilancia dentro de cada barrio, de cada calle y de – inclusive – cada casa, que con lo jurídico. Los códigos de Alfredo tienen que ver con una progresiva negación de la protesta y la institución del respeto a las investiduras públicas. Los códigos que quiere imponer el Gobernador inducen al silencio, a la normalización de la sociedad y a través de una arquitectura más exacta del poder alientan el avance del control civil asignando simbólicamente a cada vecino el poder de policía para denunciar al de al lado, para vigilarlo e intentar castigarlo si así lo considerase.

“Mandar al frente”, “ser buche”, dudar y considerar que todo aquel que altere lo establecido “algo raro andará haciendo” (no por nada es nueva la falta o contravención de, merodear casas o propiedades de manera sospechosa. LITERAL). Para todo eso llegan Los Códigos de Alfredo que tienen que ver, justamente, con no tener Códigos.

Las Nuevas Contravenciones del Código

Entre las contravenciones más polémicas –las que generan más asco– encontramos:

Art 43: Negar información personal a la policía.
No sólo hablamos del típico pedido del DNI, la fuerza de seguridad puede pedirte absolutamente cualquier dato de tu vida privada como actividad, personas cercanas, o lugares que frecuentás, etc. Si no estás dispuesto a brindar dicha info, tenés multas de hasta $6mil o 10 días en la jaula.

Art 44: Negación de auxilio a cualquier funcionario ante un infortunio público.
Esto significa que el efectivo de seguridad puede obligarte a ser parte de un operativo policial para servir como testigo o a ayudar a detener a alguien que el efectivo considere peligroso o sospechoso de delito flagrante. Ante tu negativa tenés multa de hasta $6mil o 10 días de cárcel.

Art 46: Ofensa a funcionario público cualquiera sea el lugar y cualquiera sea el cargo ejecutivo, legislativo o judicial que tenga.
En caso de estar cerca de un funcionario público si tenés una opinión disidente o negativa de su labor y querés expresarlo, podés estar en problemas. La ofensa y sus causas son tan relativas que si el funcionario quisiere sentirse en tal situación podés tener multa de hasta $30mil o 30 días en la cárcel.

Art 55: Actos turbatorios y desórdenes.
Es el artículo más tenebroso, obra y arte de Alfredo. Entre sus incisos destacan, el c’ (utilizar las redes sociales para incitar tumultos en lugares públicos), el e’ (demostrar hostilidad en una reunión pública o política), el i’ (organizar manifestaciones que convoquen personas masivamente sin aviso a la entidad competente), el l’ (siendo vendedor ambulante pregonar de manera fuerte la venta de cualquier producto). Las penas son de hasta 10mil o 10 días de prisión efectiva. (El nivel de fascismo que posee este artículo es bien explícito, pero por las dudas andá con cuidado, no publiques nada que dañe el orden… todo, pero todo lo que hagas, inclusive en las redes, puede perturbar el orden ¡No te manifiestes, no incites a manifestarse, no reclames, no marches, no llames a marchar!)

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Art 58: Lavar autos en la vía pública.
Otro de los artículos más fachos. Criminaliza la pobreza, desoye a los sectores que tienen los trabajos más precarios y cuyo sustento depende del día a día. También incluye el lavado de vidrios y parabrisas en los semáforos. Las multas llegan a $8mil u 8 días de arresto.

Art 89: Mendicidad agraviante.
Desastroso. Hay pocas bajezas que superan a encarcelar hasta por 10 días a aquel que pide para sobrevivir. (Bravo Alfredo)

Art 93: Prohibición de consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública.
No podés ir al río a tomar algo con amigos, no podés estar en la vereda de tu casa con una lata de cerveza, no podés tomar si no es en un bar, restaurant o boliche. Literal ¿Las multas? Hasta $5mil o 10 días adentro.

Art 115: Conducta sospechosa.
El que tuviere actitudes sospechosas merodeando viviendas, edificios o vehículos o el que fingiere alguna actividad para observar los bienes de un tercero. Multa de hasta 12mil o 12 días de arresto. Podés preguntarte acá, ¿qué es sospechoso? ¿qué es merodear? Dónde está el límite entre estar en la calle tranquilamente o ser un ladrón en potencia. La subjetividad del artículo da paso a la mano dura por portación de rostro. Ser una simple persona que camina en la vía pública o un ladrón que pone en peligro al barrio depende de cómo estés vestido, a qué estrato social pertenezcas. Simple. Alfredo lo sabe.

Art 117: Protección de bienes públicos.
El que manche, ensucie, fije carteles, dibuje, escriba una leyenda, en paredes, puertas, ventanas y rejas de edificios públicos, rutas, puentes, paseos públicos o vehículos oficiales. Claramente criminaliza la protesta, el arte e intenta domar a los movimientos que con el feminismo como punta de lanza toman las calles de la provincia. Las multas entre 12mil o 12 días en cana.

Los Códigos y les pibes

CELPI es el Colectivo por Les Pibes víctimas de violencia institucional que trabaja en la provincia a partir del asesinato de Lucas Carrasco en 2014 en manos de la policía. Sergio Juárez, militante social y político, nos cuenta al respecto de tanta mierda:

Considerando el estado actual de cosas, el envío por parte del ejecutivo provincial con firma de Alfredo Cornejo del Nuevo Código de Contravenciones es legal, pero ilegítimo, ya que no ha habido al respecto una sola medida de consenso. La oposición y agrupaciones presentaron 80 proyectos distintos con modificaciones y no hubo lugar a ninguna. Este código de faltas tiende a ser un pequeño código penal por la dureza con que se miden los actos. En vez de reforzar los lazos sociales (que es el verdadero motivo de un código de faltas o convivencia) intenta castigar. En este sentido es un retroceso que cercena las libertades entre ellas constitucionales como el derecho a la protesta”. Al respecto de la criminalización de la pobreza Sergio nos dice, “Nosotros estuvimos llevando adelante los pedidos y la lucha contra la Municipalidad de Capital de los cuidacoches de la Ciudad. Estos fueron desplazados intempestivamente de sus trabajos que en la mayoría de los casos constituían su única fuente de ingresos. Muchos de ellos no tenían techo y muchos otros fueron empujados a no tenerlo o no poder pagar ni la luz, ni los servicios del mismo. En relación a las multas o penas de las faltas indicó, “Lo que hicieron en Capital es el mismo plan que tienen para la provincia…multar a todos aquellos que cuiden coches, que vendan ambulantemente o que cometan cualquier tipo de contravención; porque en el fondo no hay que olvidar que aquí hay también una actitud recaudatoria muy importante, cada multa de cada municipio irá a engordar las arcas del mismo, de esta forma habrá inclusive una especie de cebo o competencia por sancionar y multar…es peligroso por el nivel de persecución que se va a generar”

Los Códigos están… ¿el Poder?

En resumidas cuentas, lo que está intentando Cornejo a través de la ampliación del control y la vigilancia es amedrentar las luchas que lo acechan. No es casual que siendo el hijo predilecto del Presidente, Mendoza se transforme en una suerte de laboratorio de políticas disciplinarias para afrontar los meses de revueltas sociales que se vienen. Con un crecimiento vergonzoso de la pobreza, con trabajadorxs precarizadxs, con lxs docentes y las Universidades paradas, con la inflación y la deuda por las nubes, con los Sindicatos y lxs Obrerxs en contra, ya ni la clase media más leal se esfuerza en defenderlo.

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Todo aquel ajuste que comenzó en 2015 iba a empezar a evidenciar rechazo, descontento y en el peor de los casos estallidos sociales. La revolución de la alegría ya no alcanza para disimular el fracaso (que es el triunfo de ellos). Los globos mucho menos. La falta de contenido político y los hilos del poder que mueven al Presidente cual marioneta desde las grandes Corporaciones y los Mercados Internacionales se ven como sogas gigantes, ¡se sienten en el cuello! No es posible que el plan se desarrolle sin el castigo, desobedecimos muchas recetas que el mandato internacionalimpone para los tercermundistas.

El desembarco del Libre Mercado requiere en Argentina, país rebelde, una ingeniería disciplinaria bien demarcada en tres pasos: primero, medidas económicas antipopulares, luego, el sustento de la superestructura jurídica a través de leyes privatizadoras que benefician a los grandes capitales y la timba financiera, y por último -la frutilla del postre- la vigilancia del cuerpo de cada uno de nosotros que somos los agentes de lucha.

Los Códigos de Alfredo vienen a situarse al final del segundo paso, comienzos del tercero en este continuum llamado ajuste. Retornan –como venidas en un DeLorean– las viejas políticas punitivas. Vienen a vaciarnos los bolsillos con una macana en la mano, a normalizarnos. Se olvidan los del Código –en realidad no saben– que mientras El Poder más se expone más frágil se torna. Todxs nos damos cuenta de que el plan está haciendo agua, que los ministros desfilan sin respuestas y ahora que ya nadie confía en que Macri pueda articular más de tres oraciones seguidas Al Cambio le empezamos a contar las costillas con un palo.

Donde hay Poder hay resistencia. El Poder está en movimiento, es verbo, se ejerce, no se posee. A veces imaginás que lo tenés entre las manos y de repente ¡paf!, todo se te da vuelta y te vas en helicóptero…

 

 

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