Escribe Ika Fonseca 
Imagen de portada por Delephas

 

¿A qué llamamos “familia”? ¿Cómo están constituidas nuestras familias? ¿Son esos grupos de personas donde se callan los abusos, se naturalizan las violencias y se inscribe en primera instancia la obligatoriedad de la heterosexualidad? Para Suárez & Co. parece que sí, aunque bien sabemos que en el seno radical la naturalización de la violencia es moneda corriente, ya que entre su clan de funcionarios (y los de la gestión que lo precedió) hay nombres que ya figuran en escraches y denuncias penales.

 

 

Para papá Estado, la familia es esa masanganga de gente unida por “parentesco por  consanguinidad, afinidad o adopción, hasta el segundo grado en línea ascendente, descendente o colateral” (Art. 1 del decreto provincial 635). O sea que si no te une la sangre o un papel, no sos pariente, por ende, no te podés juntar. ¿Cuál es la consecuencia de esto? La perpetuación del aislamiento que cada vez es más explícito para quienes no habitamos la heterosexualidad, y para quienes construyen día a día otros modelos de familia, e inclusive para quienes han decidido abolir esa institución y/o término para relacionarse con sus grupos de afinidad/cariño/pertenencia/supervivencia.

Si ya hay un sistema que nos encierra y nos aísla por no cumplir sus expectativas identitarias, si ya hay un aparato represor que se ocupa de tomar nuestros cuerpos y un aparato ideológico que quiere tomar nuestras sexualidades y nuestros vínculos, entonces el Decreto 635 y su protocolo de “reuniones familiares” son el ejemplo más nítido de cómo opera esa maquinaria que sólo nos desea para reproducir sierv_s, sierv_s heterosexuales, por supuesto.

Podemos bromear respecto a las trampas que podemos pergeñar para juntarnos con nuestros amores con quienes compartimos cualquier cosa menos la sangre; pensar bodas múltiples para caerle bien a un Estado que nunca dejó de querer burocratizar nuestras alianzas; cagarnos en todo y salir igual a comer algo rico en la casa de A con el alcohol en gel al lado y toda la parafernalia postapocalíptica que nos han metido en la cabeza cual jingle publicitario.

Siempre tuvimos y tendremos herramientas para desviarnos del camino que nos marca la yuta de la moral y las buenas costumbres y las sacrosantas instituciones, pero lo siniestro seguirá ahí, deseándonos callad_s, aislad_s y cagad_s de hambre.

Ilustración por Delephas

Ilustración por Delephas

Lo siniestro también tiene herramientas y discursos, y tenemos que fortalecer nuestros lazos, nuestras familias anormales y nuestras fugas de esos términos también, para que no se nos cuele en la reunión ni en la cabeza, esa idea tan agria de que la única existencia posible es la heterosexual.

 


 

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