La violencia tradicional de las clases dominantes ya es pandemia

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Miguel Ángel Paz es un tipo bien. Un tipo que entrena, se cuida el cuerpo, el cabello. Tiene tiempo para la salud. También tiene un salario, o una herencia, o alguna facilidad previa que le permitió tomarse el palo unos días a Italia, y volver para recagar a trompadas a un tipo de seguridad. Miguelito es rugbier, o preparador físico, o menemistamente dicho personal trainer. Sinceramente no me importa, pocas veces escarban los medios (y el discurso socialmente aceptado) en quién era o qué hacía la persona implicada en un delito cuando se trata de una persona pobre. Por lo tanto, la discusión que plantea este texto, es la discusión de clase.

¿Qué pasó que de repente, Miguel Ángel Paz volvió a este país de vagos y alguien le estaba dando órdenes? Un tipo que labura 8 hs diarias (mínimo) le estaba diciendo qué debía hacer, lo estaba poniendo en su lugar. Miguel, al no conocer lo colectivo, cree que el pedido del guardia es un tema personal con él. Miguelito (como apodamos despectivamente) es un tipo egoísta, es un tipo clasista, es un tipo que no hace cuarentena ni con todas las comodidades del mundo. Es un tipo que como tantos, están acostumbrados a trabajar de jefes, freelancers, patrones de estancia, etc, y son los primeros que se quejan porque “los matan con impuestos”, como así los primeros en decir que bancan vagos con sus impuestos.

Qué raro debe ser sentirse señalado siendo rico. Qué raro debe ser que de repente te digan que sos el problema, cuando siempre te dijeron desde chiquitito que sos la solución, del presente y del futuro.

Es que así son las clases dominantes, te llevan por delante porque se les canta, porque pueden. La diferencia es que el sentido común los generaliza y señala como al grupo económico benefactor, nunca se los generaliza como foco problemático de la situación, como sí sucede con los pobres.

 Es moneda corriente oír en el discurso hegemónico “los pobres esto, los pobres aquello” es casi como decir “inflación”, siempre es la clase a problematizar. Resulta inusual que un discurso político perciba que problematizar y estigmatizar riman.

El virus les cayó como un baldazo de agua fría en lo que se podría decir, la peor crisis que ha atravesado el mundo de la gente bien. Hoy en día es casi imposible no hablar del coronavirus, pero en enero y febrero se encontraba segundo en el ranking de foco endémico comunicacional; los rugbiers primereaban.

-¿Así que ahora la gente de las casitas del barrio alto no sólo somos peligrosos por jugar al rugby sino que también somos posibles focos de contagio? No te lo puedo creer-. ¿Y qué hace ésta gente cuando se la señala? Pues lo que han hecho siempre, y casi lo poco que saben hacer; pegan.

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Allí, donde la contaminación no llega, donde las áreas verdes son más hermosas y aún más verdes, allí es donde deberíamos tener miedo de ir. En el caso de argentina, es una de las razones por la cual estamos en esta situación que tanto nos va a doler (porque si ahora jode, es probable que después sea aún peor).

En Uruguay, Carmela Hountou, una suerte de Juliana Awada oriental, luego de sus viajes por Madrid y Milán, volvió a Montevideo, y a las pocas horas asistió a un casamiento donde habían 500 personas. Por éstas horas se da a conocer que nada menos que Julio Cesar Lestido, el Presidente de la Cámara empresarial de Uruguay, asistente al casamiento en Carrasco, se encuentra diagnosticado con coronavirus. Hoy Carmela le dice a los diarios “están quemando mi marca, creen que soy una terrorista”. Carmela, una empresaria millonaria, occidental y blanca (y pura), denuncia que la están discriminando. Enuncia “terrorista”, denotando la confusión con el tema privilegios. Y terrorista (expresión que usó Carmela Hontou en su defensa mediática) no es una palabra ajena en su vocabulario, ni en su historia.

Carmela se crió perteneciendo a una familia de fervor patriótico en la lucha contra el terrorismo. El ex comandante del Ejercito Boscán Hontou, estuvo en su cargo hasta el final de la dictadura cívico militar en 1984.

Boscán Hontou pronunció: «las Fuerzas Armadas no admitirán la revisión de lo actuado contra el terrorismo».

Fascismo, clasismo y confusión.

Estamos frente a una situación mundial tal vez única dentro de la era de las telecomunicaciones. Es llamativo desde el aspecto social, cómo las llamadas zonas de riesgo se encuentran en países del primer mundo. Es llamativo que en Europa, después de tanta lucha contra la inmigración ilegal y lxs refugiadxs, la situación interna sea ampliamente desfavorable en comparación con países de África y Latinoamérica. Epidemias contemporáneas como el ébola, la malaria o el dengue, quedan prácticamente apartadas del epicentro mediático. El riesgo, esta vez, lleva piel blanca, pelo rubio, es alto y usa sandalias con medias.

Este texto puede resultar estigmatizante de algún modo confuso, es usualmente lo que sucede por parte del poder y sus medios de comunicación hacia las clases populares. Pero, ¿puede el amo indignarse cuando el esclavo le señala? Tal vez es hora de darnos cuenta, hoy y para siempre, que las clases dominantes son las siempre causantes de nuestros padecimientos.  No es punitivismo, es conciencia de clase.

 

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