“En los barrios es casi imposible acceder a las maquinarias del poder terapéutico
que cotidianamente operan para mantenernos a flote y aferrados.
Hay exposición permanente de los pibes al infinito, al afuera abierto de la locura y el muleo.
Y en la exposición en carne viva, sin las protecciones que otorga la moderación medicalizadora, todo irrumpe sin filtro; los desbordes de la vida personal, la violencia del barrio,
los quilombos familiares, el verdugueo gendarme, la indiferencia de la ciudad.
Todo afecta sin mediaciones, y a veces se vuelve urgente la necesidad de tranquilidad
para poder retrotraerse y defender esa llamita anímica
que aún no se apaga.” 
Colectivo Juguetes Perdidos[1]
Por Lorena Muñoz

 

Dice el Dylan que lo que más le gusta es jugar en la casita del patio. Que ahí hay una heladera vieja, y que se la imaginan llena de cosas para comer. En el patio del Dylan hay una heladera vieja y también un montón de cajas, de latas, de cartón, de botellas, de trastos viejos que la gente tira, de restos de lo que no sirve. La casita del patio del Dylan está hecha de la basura de la gente. En una nota a la psicoanalista Sofía Rutenberg, citando a J.Lacan dice: “el amor es dar lo que no se tiene”, en contraposición a las “almas caritativas”, que dan lo que les sobra, como Juliana Awada que dona a los pobres los retacitos de tela que le sobran[2] de sus talleres clandestinos.

La mamá del Dylan fue denunciada por pegarle un tablazo en la frente. Él llegó con manso chichón a la escuela y ahí se armó. La mamá del Dylan le da de comer a 9 en la casa. El papá del Dylan la hizo laburar en la calle hasta que a él se le cantó. Ella está cansada. Quiere conseguir un laburo “decente”, pero está durísimo. No le alcanza el salario para la comida de lxs pibes. Y se angustia. Y se desborda. Y no sabe qué hacer. Y le pegó un tablazo al Dylan.

Y ahí aparece“el Estado”, representado por sus Instituciones y sus equipostécnicos-profesionales, ante el chichón, criminalizando, señalando, culpabilizando. Igual que la mamá del Dylan, aparece el “Estado” dando un zarpazo, ante la impotencia, y ante la falta de recursos para hacer otra cosa.

Las instituciones que trabajan en materia de niñez y adolescencia en la Provincia de Mendoza están vaciadas de contenido teórico-práctico, legal, y de recursos (humanos y materiales). Los equipos intervienen tapando huecos y poniendo el cuerpo a esa falta de recursos, a la escasez de personal, de políticas públicas serias que protejan y no vulneren derechos. Conteniendo a las familias, en el mejor de los casos, si la amansadora de laburo institucional no se llevó puesta su humanidad.

En tiempos de crisis, los ajustes llegan a los barrios, a sus familias, a las infancias, y también a las Instituciones responsables de paliar los sufrimientos, las violencias, y las pobrezas.

Como dice el Colectivo Juguetes Perdidos “las implosiones sociales llegaron hace rato y no paran de crecer en intensidad y densidad (…) A la intranquilidad y el terror anímico que la precariedad provoca se le suma el terror económico”.[3]

Actualmente las políticas públicas vinculadas a la niñez y la adolescencia aparecen con fuerza desde el punitivismo. En Mendoza entró en vigencia en 2018 un nuevoCódigo de Contravenciones[4] que criminaliza estrategias de supervivencia de los sectores sociales más desfavorecidos.Se alimenta el imaginario social en relación a la peligrosidad de los pibes, sin plantear la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran. En 2019, año de elecciones y de crecimiento de la crisis económica y social, se vuelve a instalar el debate sobre la baja de la edad de punibilidad sin promover ni invertir enespacios de educación, arte, deporte, recreación para ellxs. A los pibes y pibas les dejamos sueltos, a la deriva. Les quitan los sueños, los quieren “adentro”.

Imagen por A.

Desde el 01 de febrero de 2019 entra en vigencia en Mendoza la Ley Provincial 9139 “Sistema Integral de Protección de Derechos de niños, niñas, y adolescentes”, la que, lejos de fortalecer la red interinstitucional de protección de derechosconstituida territorial e históricamente, la desarma, recortando las incumbencias de los efectores públicos, los que tienden a cerrarse hacia dentro, desintegrando a lxssujetxs de protección en pedazos sobre los que cada institución tiene una especificidad de intervención. Lxs que trabajamos en niñez y adolescencia hace tiempo, entendemos que la protección es colectiva, territorial, integral, desde la corresponsabilidad y acuerdo conjunto de las Instituciones, o es puro humo.

Desde la entrada en vigencia de la Ley Provincial hasta la fecha, no se ha firmado ningún protocolo de acuerdo interinstitucional, ninguna acción que tienda a la conformación de ese “Sistema” que lleva por título esta ley. Ante la falta de orientación y contenido en las prácticas institucionales, reina el individualismo, aparece con fuerza la metáfora capitalista de “sálvese quien pueda”, y se hace literal.

La micropolítica institucional traduce a nivel local lo que ocurre a nivel nacional. Los mismos discursos vacíos de contenido, la priorización estética y no ética, la despolitización de los actores que llevan a cabo las políticas públicas.

Atravesamos tiempos de rupturas de los tejidos sociales, las estrategias de supervivencia acrecientan las luchas con lxs semejantes: soy yo o el otro. Las construcciones colectivas están pasadas de moda, se destruyeron las redes donde se podía armar algo conjunto, los espacios de participación comunitaria se convirtieron en comedores, los vacunatorios no tienen vacunas, los clubes de los barrios, con la impronta que históricamente han tenido como lugares de socialización de las infancias y adolescencias, no pueden pagar los altísimos montos de luz, teniendo que recortar el derecho a jugar en los barrios.

El gobierno que prometió pobreza cero ha alcanzado al respecto índices impensables. La Universidad Católica Argentina[5] informa que entre un 47 % y 60 % de los niños de nuestro país son pobres, encontrándose Mendoza entre las provincias con mayor pobreza infantil, junto a Córdoba y Tucumán. Se analizaron seis dimensiones: vivienda, alimentos, salud, educación, acceso a la información y saneamiento. Lo que mostró un retroceso preocupante en la dimensión alimentaria. “Cuando se analizan por separado la pobreza por ingresos y las demás carencias, los porcentajes de población infantil afectada son mucho mayores: mientras el 51,7% de los niños, niñas y adolescentes viven en hogares carecientes en términos monetarios, seis de cada diez (63,4%) está privado del ejercicio de al menos un derecho fundamental”.

Algunxs estamos rotxs ante esto, desarmadxs, desparramadxs, desesperanzadxs, deslegitimadxs. El país está lleno de Dylan y sólo tenemos para ofrecerle basura. Lo que te deja patinando en ese malestar profundo, es saber que tanta gente es funcional a este proyecto político, a este modo de trabajar y acompañar las infancias, que el neoliberalismo está ganando la batalla, que la resistencia a eso es chiquita, y que la revolución de alegría nos ha dado un tablazo, como la mamá del Dylan.

Imagen por A.

 


[1] Colectivo Juguetes perdidos. ¿Quién lleva la gorra?.Pag 47. Bs. As. Ed. Tinta Limón. 2014.

[2]Asi lo dijo en un programa de TV

[3]https://www.tiempoar.com.ar/nota/veneno-paciente

[4] Al respecto es muy interesante el texto publicado en esta misma revista http://revistavomito.com/alfredo-un-tipo-con-codigos/

[5]http://www.unidiversidad.com.ar/mendoza-una-de-las-provincias-con-mayor-pobreza-infantil

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