Las aborteras cada día somos más

  Hace 218 años que Argentina pudo separarse del despotismo español para redactar la Constitución y con ello sus propias leyes. Hace 67 años que la mujer tiene poder para elegir a sus representantes estatales. Hace ya 31 años que la mujer puede decidir deshacer su estado civil  con un hombre. Hace tan sólo 8 años que las disidencias a la heteronorma, pueden tener un estado civil. Y hace tan poco como son 6 años que las personas trans pueden acceder a una identidad real. Definitivamente, estos días que corren hacia la discusión sobre el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en Senadores, son días históricos para este país que se nombra con prefijo en femenino. Esa, es la historia que nos precede. Esta, la que nos toca suceder a todxs nosotrxs.

  Cuando se habla de legalizar el aborto, se está diciendo que el estado comience a garantizar y a hacerse presente en asuntos de clandestinidad de una realidad indudable y verificada. Porque no es nuevo, ni de repente va a ser algo viejo. El aborto, bajo concepciones históricas, comprende todos los tiempos verbales existentes en nuestro imaginario social.  Sigue pasando mientras nos obnubilamos discutiendo la metafísica de la vida humana.

Fotografía / Aisha Maya Bittar

Acá no hay peros religiosos ni morales ni éticos. El único pero que importa y tiene rotunda contundencia, es el pero de la realidad: el aborto existe. Es una decisión de la persona gestante y se realiza en la periferia avergonzante y siniestra de la clandestinidad. Todo esto ya lo sabemos, el debate sobre el aborto ha estado en la agenda hace varios meses. Ahora ¿pro vida? ¿Qué carajos?

Señores y señoras pro vida, realmente me jode mucho que no puedan ver-se en esta marea que nos tiene sumergidxs a todxs. A veces me apena, otras; me llena de ira esas ganas que le ponen a la ceguera voluntaria. Estamos en un cambio de paradigma descomunal y ustedes siguen repitiendo el mismo discurso tradicionalista, misógino y fascista desde la Edad Media. Me he preguntado qué harían si el Estado les concediera un arma, y se me ha escapado el aliento. Porque si por sus creencias fueran, seguiríamos viviendo como cazadores-recolectores en el paleolítico, violando para poblar al mundo y violentando a puñetazos a cualquiera que interfiera con sus intereses de vida. No digo que sean unos cavernícolas, sino que jamás pusieron delante sus intereses individuales para llevarlos a la lucha conjunta por algo que creyeron más justo. Eso sólo lo hacen cuando tienen que atacar al otro. Ahí sí, quizás, es cuando se asemejan a estas criaturas prehistóricas.

Si nosotras reclamamos el Voto Femenino, ahí están parados enfrente gritando que la mujer no es apta para pensar por sí misma. Si nosotrxs perseguimos el derecho al Divorcio Vincular, ustedes vienen a poner carteles sobre la disolución de la sagrada familia. Si nosotrxs queremos el Matrimonio Igualitario, ustedes vienen con sus hijxs a decirnos que se aproxima el fin de la humanidad. Si exigimos la ley de Identidad de Género, aparecen escupiéndonos la etiqueta de anormales.

Todos los argumentos que han ostentado para estar siempre en contra de todas estas legislaciones que nos dieron y nos dan un poco más de libertad en nuestra existencia civil, convergen en que devienen de lo que ustedes vociferan como lo “natural”. Concepto tan difuso como simplista y relativo. Sin embargo, ni la biología ni la primatología ni la antropología sugieren que la monogamia sea un aspecto natural. Y si vamos a la naturaleza, ésta entiende a la violación como un método gestante. No obstante comprende como natural a la sexualidad entre especies del mismo sexo. Evidentemente, se estarían confundiendo las relaciones entre conceptos cuando se dice que algo que es natural es directamente proporcional a que es bueno. Y no señores, en tres oraciones vemos que lo “natural” es algo muy complejo que no comprende a lo moral, por más que intenten encajarlo de mil maneras. Un virus es natural pero todxs estamos de acuerdo con que ciertamente es algo malo para nuestros sistemas. Si verdaderamente hay algo natural en nosotrxs, es que somos muy buenos haciendo cosas que no nos resultan naturales como seres humanxs.

Con el aborto legal, siguiendo la linealidad de sus actos: obviamente estamos viviendo lo mismo que en los reclamos anteriores. Mismos debates entre pares. Idénticas palabras lanzadas entre diputadxs y senadorxs. Exactas afirmaciones sobre las mujeres, su sexualidad y su libertad condicionada. Hostigan y golpean a pibas que llevan el pañuelo de la campaña, a pibas tortas, a pibxs trans. A Higui la acosaron años y violaron con argumentos de “corrección moral” por ser lesbiana. De más está decir el machismo y la misoginia que eso comprende. A Joe Lemonge lo criminalizan y condenan por ser varón trans, el cual sufrió hostigamientos transódicos por años por un grupo de hombres. Hace unos días, golpean brutalmente y amenazan de muerte en Mendoza a unas pibas, con argumentos iguales a los anteriores, por un grupo de mujeres. Y así, se han sucedido las historias de extrema violencia siempre perpetuadas por lxs mismxs.

¿No se dan cuenta que la historia avanza y su conformidad sigue siendo la equivalente a la Inquisición de Torquemada?

Inexorablemente esto es Inquisición o reventar. Y nosotrxs antes que reventar, haremos volar todo lo que nos quiera amedrentar, callar y anular. Ya no toleramos más sus moralejas con aires divinos y celestiales. Ya no toleramos más sus miradas excluyentes de todo lo que no consideran con su propia cuadratura mental como normal. Ya no toleramos más las persecuciones, ni las discusiones pasadas de siglo, ni los argumentos crucificados. “La tolerancia es la pasión de los inquisidores”, cantó Silvio en una canción y nos da la razón.

Quizás, lo que más les moleste no es la ficción de “matar bebés” sino, el tifón que se les está viniendo encima con toda la ola feminista y abortera. El empujón a ver un poco más allá de lo que concibieron como natural y de paso, entender que lo natural no es lo real ni lo verdadero, tampoco algo moralizador. Ser incitadxs al abismo de lo que creyeron verdad y de la comodidad que esto en cierto punto conlleva. Reitero; quizás todo esto genere una especie de extrema violencia, causada por quitar velos que nos oprimen a todxs y que no quieren ser sacados, que temen ser sacados. Porque el miedo y el poder generan violencia. El miedo a la mujer sin miedo y el poder que se le atribuyó a la verdad que juzgaron como saber supremo.

El aborto va a ser ley porque es un derecho que nos da la posibilidad de vivir en una sociedad un poco más justa. Este es el único quid de la cuestión y punto.

Ahora viene el proyecto de ley que intenta separar a la Iglesia del Estado. Nos vemos en la otra vereda.

 

Fotografía / Aisha Maya Bittar

P.D.: Se va a caer. Se está cayendo porque lo estamos tirando.

 

Comentarios

comentarios