Si tomamos el concepto de “docente voluntario”, podemos pararnos desde distintos paradigmas. La palabra docente proviene del latín, del participio de presente docens, docentis (el que guía), del verbo latino docere (enseñar) el que nos dio las palabras: doctrina, doctor, documento y dócil. Al colocar el adjetivo voluntario después del sustantivo, estamos diciendo que el docente del que hablamos constituye una entidad aparte. Estos adjetivos tienen pues, sentido partitivo. La palabra “voluntad” viene del latín voluntas, formada del verbo volo i velle “querer, desear”. Por lo tanto, al hablar de docente voluntario, estamos diciendo “quien desea guiar”. Estamos diciendo también, que la docencia es una entidad separada del deseo y del querer.

¿Habrá querido decir todo esto la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, cuando mandó a llamar a docentes voluntarios? Pues hay una intencionalidad política en el concepto: delegar la responsabilidad de la educación a un docente que tenga, por encima de todo, una vocación y obligación divina de enseñar. Lo cierto es que, para los funcionarios del Gobierno Nacional, cualquier ciudadano civil sin importar su formación, intereses, dominio o experiencia en la pedagogía, puede pararse en un aula y enseñarle a lxs pibxs a leer, a conceptualizar el mundo, a desarrollar capacidades críticas y de abstracción, a acompañarlos en sus procesos personales y colectivos de aprendizaje, etcétera.

Para el Gobierno Nacional, lxs docentes no son docentes por voluntad, sino por sueldo. Entonces ¿por qué se le demanda a la docencia, como a ninguna otra profesión, vocación y servicio?

Hace poco asistí a una charla sobre pedagogía que se enfocaba en el acto de hacer escuela desde distintas ramas, desde distintas prácticas y en distintos contextos. Frente nuestro teníamos a tres profesoras. Una de ellas es directora de una escuela secundaria ubicada en el barrio Matheu; la otra, directora de un CENS ubicado en el Barrio San Martín, y la tercera de ellas da clases a personas en contexto de encierro y en modalidad domiciliaria – hospitalaria. Tres docentes voluntarias, convencidas de luchar contra la hegemonía pedagógica, la pedagogía tradicional.

Por nombrarlas, no quiero decir que son excepcionalidades, pues son muchos los casos así que se contemplan. Prefiero, mejor, preguntar algunas cosas: ¿Quiénes creen que educan a aquellxs a lxs que esta sociedad llama pobres? ¿Quiénes son aquellxs que se vinculan por deseo y convicción política a todas las personas que esta sociedad mete presa? ¿Quiénes son lxs que voluntariamente deciden contactar con lxs enfermxs y acompañarlxs a hacerse un espacio dentro de este sistema violento y corporativo? Así nos encontramos frente a un nuevo paradigma, basado en el poder hegemónico. ¿Quién educa a los nadies?

Lucia de la Torre – Fotografía (Notas – Periodismo Popular)

El sentido común acrítico y reaccionario sobre la docencia que está signando el presente, encuentra su origen y expansión en la efectiva campaña que impulsó el Gobierno Nacional, con la ayuda de operadores mediáticos, con la intención de construir finamente sus enemigos internos. Es el mismo presidente y su gabinete el que lanza este mensaje de odio, mensaje que cayó como carne fresca para que los lobos devoren y regurgiten el sabor del desprecio ajeno. No se trata sólo de la construcción de subjetividades individuales, sino de gestos discursivos -muy poderosos- que están logrando enfrentamientos en la sociedad a todo nivel y una racionalidad predominantemente irreflexiva a partir del discurso del odio. Es parte de una lucha actual, que se viene gestando desde hace tiempo.

Frente a todo esto ¿Qué vendría a ser constituir lo involuntario? ¿Cómo subordinar el concepto de docente a lo que el establishment desea? Según Paulo Freire, atendiendo a las incertidumbres y las preguntas es como se aprende y se enseña. Freinet piensa que la educación tiene como fin formar ciudadanos para el trabajo libre y creativo, capaces de dominar y transformar el medio y emancipar a quien lo ejerce. Dentro de la Educación Emancipadora como apuesta política pedagógica, corriente que cuenta con las ideas de Simón Rodríguez y José Martí, se piensa a lxs educandos como sujetos próximos a generar una capacidad de pensamiento propio. Apuesta a promover el trabajo liberador, no a crear sujetos dóciles. Se apunta al crecimiento de ciudadanos gobernantes, no sólo al auspicio de futuros votantes. Palabras colectivas, ciudadanos críticos y solidarios. Cooperativismo y no corporativismo. Estos son sueños y deseos que se vienen dialogando hace siglos, ideas y pensamientos que han podido ser aplicados, despojando a las doctrinas pedagógicas de sentimientos utópicos; no son utopías, pueden ser nuestra realidad.

¿Es posible que el mero desconocimiento pueda parir un concepto tal? Pongamos el siguiente ejemplo: usted como individualidad, necesita un abogado, ¿acudirá a un desconocido voluntario para que lo ayude a enfrentar el juicio? Sin intenciones de jerarquizar la valoración de unas profesiones por encima de otras (eso ya la sociedad estratificada lo hace) o de juzgar mejores ciertas profesiones frente a algunos oficios, lo cierto es que cada actividad humana se lleva a cabo con una serie de saberes que, independientemente de la fuente que provengan (la educación formal, la experiencia de vida o muchas otras), tienen una especificidad que no son reemplazables por otros saberes cualquiera; o por la mera improvisación.

Cuando usted va a la verdulería, compra verduras y se las pide al verdulero, usted no se cruza y se las pide al carnicero. Y usted no le dice al carnicero que el verdulero es malo y que no quiere trabajar, que por lo tanto el carnicero debería salir a defender su patria y vender las verduras del verdulero, porque gracias al verdulero los niños salen mal en los resultados nutricionales.

El sector dominante permanentemente intenta convencernos de lo que significa correcto e incorrecto, positivo o negativo, bueno o malo. Es moneda corriente oír en boca de distintos sujetos sociales que “lo que falta es educación”. Esta frase puede salir, incluso, de posiciones políticas antagónicas.

Nos preguntamos corrientemente ¿qué significa “hacer educación”? ¿Para qué sirve? Decimos que la educación está en manos del poder, que el saber es poder. ¿Puede, entonces, aquella o aquel docente -que trabaja en zonas marginalizadas (lugar del que todxs hablamos, pero que pocxs se acercan a conocer)- generar dentro de esa institución obligatoria denominada escuela un pensamiento crítico y emancipador?

Es el mismo sistema que desprecia a lxs pobres el que espera obtener un excedente económico al profundizar las diferencias sociales, segmentando la educación para ricxs y para pobres. La base es la misma antigua institución que reproduce el orden establecido y normaliza una realidad detestable. Porque la vieja idea, aquella que se lanzó desde el gobierno de facto del ´76 “queremos que el hijo de barrendero, muera barrendero” es la misma que hoy González Fraga repite: “le hicieron creer al empleado medio que podía comprarse plasmas y viajar al exterior”.

La escuela es sustentable: ordena las líneas de los futuros albañiles, amas de casa, mucamas y, a su vez, abogados, médicos, políticos. Por eso, y en esto hay que ser determinante, la escuela debe ser del pueblo. Que en las escuelas privadas hagan lo que se les plazca, pero en la educación pública no puede poner un solo pie aquel que opine que la pedagogía la otorga la misma vida social. Porque en un aula, señores de Cambiemos, no hay números, hay treinta realidades distintas, realidades que lloran, preguntan, sufren, ríen, piden y otorgan, escriben y, por encima de todo, sienten. ¿Es fácil entregarse a ello? ¿O acaso debería serlo?

Lucia de la Torre – Fotografía (Notas – Periodismo Popular)

Aquí se quiebra este ensayo. Aquí es cuando la luz del foco educacional se posa sobre el alumno. Hoy la educación eclosiona en tomas. Hoy son lxs pibxs quienes se levantan a por sus derechos, quienes se posicionan. La masa estudiantil siempre ha sido objeto de un método impotente e inútil de una ciencia que se piensa y solo se piensa. Planteos que siempre llegan tarde. Planteos que lxs pibxs cristalizan en acción política directa y autónoma, en discusiones profundas y disputas de sentido, en poner el cuerpo todos los días a pesar de la persecución gubernamental y mediática que sufren, a pesar de la incomodidad y el frío, a pesar de que son objeto de estigma social y, por eso, un pelo más del enemigo de Cambiemos.

Lxs estudiantes entendieron, después de los múltiples mensajes que ha enviado el gobierno, que esta nueva reforma tiene sus puntos a debatir. Y eso quieren, eso buscan: debatir. Quieren ser escuchadxs, ya que se encuentran solxs en este debate que poco importa a lxs adultxs.

Se pudo ver en televisión a Ofelia Fernández, presidenta del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, entrevistada por un grupo de panelistas ineptos, brutos, cobardes y violentos de un programa conducido por Pamela David. Ofelia intentó tratar el tema de la reforma y, por la solidez de sus argumentos, la chicanearon. Le dijeron “chiquita”, le dijeron “autoritaria dictatorial”. Todo esto con el fundamento de que “en realidad deberías estar estudiando, no manifestando tu opinión; tu educación sale de los impuestos que los panelistas pagamos, así que andá a estudiar y no jodas, ignorante militante”. Un embrollo importante, pobre Ofelia.

Ha triunfado la antipolítica nuevamente. Tan simple, tan fácil. Para terminar (y a los gritos) un señor del panel le manifestó “sos una maleducada, eso es lo que sos”. Puede que Ofelia no represente ni el prototipo del estudiante modelo ni el de niña educada que se quiere imponer y por eso intentan denigrarla con un pedorro “chiquita”.

La “reforma inconsulta” comienza a aplicarse el año que viene, y no la ha tratado ningún establecimiento educativo. Impuesta desde el Ministerio de Educación y de forma poco transparente, el gobierno apunta a que lxs pibxs hagan pasantías gratuitas en empresas durante su último año de secundaria. El plan parece claro ¿no? Preparar a las clases medias para que trabajen y, sobre todo, se acostumbren al trabajo precario. Preparar a las clases privilegiadas para que obtengan títulos universitarios. Esto siempre fue, de alguna manera, así. Pero miremos a Chile, miremos los modelos neoliberales triunfantes y su educación. La educación pública corre peligro, mucho peligro. ¿Qué cosa es importante si esto no lo es? Lo mismo sucede con la desaparición forzada de Santiago Maldonado, cosa que tampoco parece importante para tocar en las escuelas. O parece ser demasiado importante para querer ocultarlo mediante persecuciones políticas y laborales para aquellxs docentes que osen comentarlo con sus estudiantes.

En un mundo repleto de simbolismos no debemos aislarnos de todo aquello que nos contamina sino, contaminarnos de todo, absolutamente todo. Contaminar y criticar. Ese es el lema. Por eso cuando leemos “docentes voluntarios”, no sólo debemos atender las falencias macro que este orden actual nos otorga. Adjudicar también el porqué de estos símbolos, lo que se quiere decir y lo que se dice. Hacer política, donde quieren despolitizar. Educar, donde no quieren que se eduque.

Lucia de la Torre – Fotografía (Notas – Periodismo Popular)

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