Por Jessica Corpas Figueroa
Imagen de portada por Neema Iyer

 

El 25 de julio se conmemora el día internacional de las mujeres afrodescendientes de Latinoamérica, el Caribe y la Diáspora. La fecha hace alusión a un encuentro emblemático de mujeres negras y afrodescendientes de 32 países de la Región que se organizaron y reunieron en República Dominicana un 25 de julio de 1992, para articular estrategias de incidencia política desde una perspectiva de género y feminista. Un día para resaltar la dignidad de las mujeres negras, afrolatinoamericanas y del Caribe, nuestras luchas, nuestras apuestas como sujetas políticas, nuestra posibilidad de ser y existir libres de racismo/sexismo/clasismo/xenofobia. Un día para visibilizar a las mujeres afroargentinas.

Como mujeres afrolatinoamericanas y del Caribe que vivimos en Mendoza, exigimos se nos respete como sujetas plenas de derechos, que se eliminen el racismo y el sexismo heredados de la colonialidad, que la sociedad argentina recupere la memoria histórica de sus raíces negras y se valoren los aportes de las mujeres afro a la ciencia, la política, la economía, la cultura y a los diferentes ámbitos de la sociedad.

En principio invitamos a que las personas que hacen parte de esta sociedad/comunidad, se interroguen por la posición que ocupan frente a la racialización: estás en ¿un lugar de privilegio por la hegemonía eurocentrista blanca?, o ¿un lugar de subalternidad por sus características no blancas?, o ¿un lugar indeterminado? NO será lineal, pero tal vez esto permita un punto de partida para reflexionar al respecto de que la diversidad física, simbólica y cultural que poseemos las personas hace parte de la condición humana, por lo cual juzgar, estigmatizar y discriminar a ciertas poblaciones por rasgos fenotípicos oprime, discrimina y reproduce lógicas de la colonialidad que mantienen una alienación y negación de las propias raíces: negras, indígenas, mestizadas.

Neema Iyer

Ilustración por Neema Iyer

Entrando en materia, referimos al racismo estructural que según Rita Segato se sostiene en prácticas, valores, normas y relaciones sociopolíticas que clasifican, jerarquizan, subordinan y le dan valor a las personas en función de los rasgos fenotípicos que les caracterizan. Es estructural porque parece “inherente o natural” al funcionamiento del Estado y la sociedad, pues atraviesa cada una de las dimensiones que la componen: distribución de ingresos, desigualdad, vida cotidiana, políticas públicas, gobierno, etc. así como los ámbitos cultural, político, económico, ambiental.

Claudia Mosquera Rosero (académica y activista afrocolombiana) nos ayuda a comprender cómo se materializa ese racismo estructural, lo desglosa en racismo institucional, social y cultural; los que a su vez se palpan en discriminaciones, prejuicios y segregación. En cuanto al racismo institucional es aquel que se presenta en las instituciones (públicas y privadas) en donde se dan políticas públicas racistas (por acción u omisión), prácticas (protocolos, normas, maneras de funcionar) y/o relaciones de poder ejercidas por sus funcionarios/as en la atención a personas subalternizadas por el racismo.

Un ejemplo de ello, tiene que ver con la grave situación de violencia institucional y mediática a la que fue sometida una mujer haitiana afrodescendiente el año pasado en un hospital público en Mendoza, cuando retuvieron a su bebé recién nacido alegando que la madre no tenía los medios para mantenerlo, a lo que ella se negó y reaccionó para no ser separada de su hijo. La institución hizo un uso deliberado de la represión y la violencia para reducir a la mujer, quien además no hablaba el castellano, esta práctica institucional se combinó con la representación que en los medios de comunicación se hizo de la mujer como agresiva y salvaje, los medios también violaron su intimidad al revelar datos relacionados con su condición de salud. Una situación en donde además del racismo, el sexismo y las opresiones por clase, está presente en simultáneo la xenofobia.

En cuanto al racismo social o ideología racial, tiene que ver con las normas implícitas y explícitas en las que se dan las relaciones cotidianas entre las personas, son códigos, formas, reglas para percibir y tratar al Otra Otro Otre, por su posición racializada (dominante o subalterna). En Mendoza es bastante común en la calle y en los colectivos las miradas morbosas, desconfiadas y curiosas de las personas sobre los cuerpos de las mujeres afros, algunas personas incluso se creen con el “poder” para apropiarse de los cuerpos de las mujeres afros, esto es al tocarnos la piel o el cabello sin consentimiento previo por considerarlo exótico o bonito, también en el acoso permanente por representarnos como objetos sexuales y asociarnos directamente con la prostitución, se nos aborda en la calle y en las plazas para preguntarnos “¿estás trabajando?”

Por su parte el racismo cultural alude a las formas esencialistas en las que se considera como cuestión natural las diferencias culturales o étnicas. Esto hace que se represente con ciertos atributos a las mujeres afros por serlo y vernos como una masa homogénea “las mujeres negras”. Franklin Gil aporta para comprender que el racismo es un todo (ideas y teorías que justifican la subalternización de ciertas poblaciones) y a su vez se expresa en partes concretas: prejuicios (actitudes, disposiciones, estereotipos), discriminación racial, expresión práctica del prejuicio, acciones de marginación, segregación y violencia sobre sujetos racializados.

Hay que decir que las razas no existen, pero el racismo sí; también decir que entre más oscura es la piel, más profunda y violenta es la discriminación. Enseñar a las infancias que la diversidad es parte de la condición humana favorece a la transformación de un mundo racista y desigual; en las personas adultas queda la gran tarea de deconstruir sus propias bases racistas, sexistas y xenófobas, así como despojarse de los privilegios raciales y de clase. Esto es, que el racismo no es abstracto y no se ve sólo en el “Estado”, sino que todas las personas portamos el racismo (en dosis mayores o menores) y podemos reconocerlo, tramitarlo y eliminarlo, o mantenerlo. Nosotras hacemos un llamado por lo primero.

Ilustración por Neema Iyer

Al Estado le demandamos que garantice políticas públicas y oportunidades específicas para acceder a una vida digna y sin violencias, esto es que en cada uno de los sectores de la administración pública se incorporen líneas de acción que garanticen la eliminación del racismo mediante prácticas concretas. Por ejemplo, que en educación se diseñen e implementen planes de estudio en los que se vindique la historia de las poblaciones negras en Argentina y Latinoamérica, no solo como un pueblo que fue esclavizado, sino como la base social fundamental para el crecimiento económico del país, donde las mujeres desempeñaron un papel fundamental en el trabajo productivo y en el trabajo de cuidados. Que las instituciones y sus funcionarias/os estén capacitados para desempeñar sus tareas y aterrizar los programas sin racismo, sexismo, violencia, ni barreras de acceso por ser negras/afros; que los medios de comunicación representen íntegramente a las mujeres negras/afros y no como vulnerables, hipersexualizadas, objetos sexuales o cuerpos para ser apropiados.

A la sociedad en general un llamado para que comprendan que no todas las mujeres afros somos iguales, que tenemos una gran diversidad física, psicológica, cultural, espiritual, de idioma, entre otras. Exigimos que se nos respete desde la condición humana; que se aplaquen las miradas que nos observan “como raras”, que no nos acosen ni en la calle, ni en las instituciones, ni en los colectivos, ni en ningún espacio; que no nos estigmaticen, que en las instituciones no nos pongan barreras para acceder a los servicios a los que tenemos derechos. Exigimos que las diferencias no sean utilizadas para discriminar y reproducir desigualdad. También que se enseñe en las familias y en las escuelas que las razas no existen, que las mujeres somos sujetas plenas y que todas las personas por el hecho de serlo tenemos la misma dignidad. Vomitamos toda forma de discriminación racista.

Hoy seguimos luchando desde la diversidad, la valentía y la convicción de que “otros mundos son posibles”. Apostamos por una sociedad que expanda sus sentipensares y sus relaciones a un mundo sin barreras, sin limitaciones, sin discriminaciones, sin fronteras; un mundo que reconozca y valore a las mujeres afrodescendientes en plenitud.

 

 

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