-Macri, el menospreciado referente-

 

Arranca el 2018 y por fin podemos visibilizar las inversiones, esas que nos prometió Mauricio allá por el 2015. Durante este medio ciclo presidencial sufrimos la muerte de El Brujo y, como para salar nuestra herida abierta, una bala 9mm asesinó al Rafa por la espalda.  Se destruyó lo poco que se había podido construir en el plano institucional. Miles de despidos. Tarifazo. Ajuste. Se llenaron las pantallas de comentarios que parecían una burla por parte de la gente de Cambiemos. Un balance poco positivo de la Revolución de la Alegría. El 20 de diciembre pasado se sancionó en el Congreso la Reforma Previsional, que básicamente apunta a que la deuda internacional la paguen lxs jubiladxs.  Piedras contra balas. Indigentes detenidos por estar en la calle. Gente golpeada. Lacrimógenas que vuelan. Gordos morterizados. Represión con alegría. 117 Diputados decidieron por encima de miles que se hicieron presentes en Plaza de Mayo. Scioli ausente ¿Son lo mismo? El “que se vayan todos” se hizo escuchar. Cacerolazos. ¡Ah! Y se perdió un submarino con 44 tripulantes y Mauri reflexionó “el mar es grande, el submarino pequeño”. Ni una buena. Ni una buena para el pueblo.

¡Igualmente llegaron las inversiones!  Se invirtió al pueblo, a la clase media y a la baja.

Ilustración por A. / Fotografías originales de Nacho Yuchark (perdón y gracias)

Lo cierto es que hay un germen flotando en el aire que invierte a la gente. Los medios hegemónicos, cada vez más y con más poder (tanto que ya se vuelve absurdo llamarles así) se encargaron de reproducir el germen a través de cada televisión de cada casa del país. Ya ni siquiera sabemos si son los medios, es como estar en un apocalipsis zombie que no para.

Escuché decir en mi trabajo que El Brujo se había pasado de falopa y que por eso no aparecía. Después, el jefe me preguntó si yo era de los que buscaba a Santiago Maldonado. Estoy hablando de un lugar de comida rápida manejado por gente de clase media hecho para que más gente de clase media se pida un lomo o una pizza. A la pregunta del jefe respondí que sí, que lo buscaba porque era un amigo. El hombre me miró a los ojos y se le llenaron los suyos de lágrimas. Como si no pudiera comprender la transformación de Santiago Maldonado como caso judicial y mediático a la de un conocido de un conocido. El Brujo no era mi amigo, lo vi dos veces, charlé con él. Fue amigo de amigxs. Al otro día de sucedida esta interpelación política el jefe me preguntó si yo era kirchnerista. Le dije que no. La gente comentaba “apareció el cuerpo de Santiago”. Yo horneaba pizzas. La gente pedía pizzas. Todxs mirando la televisión como si fuese un partido de Argentina. El resultado en el lugar fue “lo mataron los mapuches, si ellos fueron los que estaban con él”. Esto no me sorprendió tanto, es fácil escuchar en la calle razonamientos de este tipo. Lo que sí me llamó la atención es que ellos creían que estaban viendo la verdad.  Creían que estaban resolviendo el caso. Que estaban sacando sus propias conclusiones.

Y es esa la estrategia de los medios, hacerte parte. Le hacen creer a la gente que ellos simplemente muestran la realidad, y que la encargada de resolver el acertijo, es el espectador. De repente podemos ver cómo los admiradores de TN piensan todos lo mismo. Siempre se defienden creyendo que ellos sí han podido ver la realidad, creen que son las ratitas que resolvieron el laberinto, y que, por lo tanto, lxs demás somos algo así como unxs ignorantes medio boludxs que no podemos ver cosas como que Macri es millonario y que no necesita chorear porque es millonario. Es la misma gente que se indigna con el pibe que chorea un celular y que ni se pone a pensar en los millones que se roban los bancos. ¿Dónde hemos visto esto? ¿Les suena de algún lado las imágenes de pibitos robando y la invisibilización absoluta de lavados de dinero, evasión de impuestos, o bancos choreando miles de millones no sólo aquí sino en todo el mundo y sobre todo durante las crisis?

Personalmente me gustan los ejemplos. Creo que es una manera de comparar nuestro pensamiento e identificarse en el cuerpo de la otredad. No son casos aislados. En serio la gente cree que tiene la razón, y que están develando la verdad. Es todo parte de una gran confusión. Pongamos el ejemplo de la meritocracia: hay gente que la confunde con una especie de anarquismo emancipado. Recuerdo un debate en un aula, en un curso de toda gente adulta, sobre meritocracia. Se hicieron dos bandos; unxs a favor, otrxs en contra. Un jurado que mediaba el “respeto”. Se pudo escuchar en palabras del bando que defendía la meritocracia decir “la tierra es de quien la trabaja”. Eso explica todo, eso explica por qué el obrero sí vota patrón y por qué el pobre vota a Cambiemos. Hay una extrema confusión, confusión desplegada desde el núcleo duro de los medios de comunicación. Se despliega por todas las instituciones, hasta llegar a la escuela pública. De verdad podemos ver a personas pidiendo pena de muerte sintiendo la revolución en las venas.

Es el “sentimiento linchero”. Sentimiento propiamente dicho, lo sienten, les recorre el espíritu, y de verdad son sinceros con esto. Lograron que el sentimiento revolucionario, innato en la humanidad, pueda desplegarse para esos lados. Imagino a un grupo de hombres poderosos diciendo “hay que hacerles creer que son parte de una revolución, que se enojen con ellos, que no nos vean a nosotros, que se digan laburantes y que sea su única bandera”.

Es que es feo ver que hay gente que de verdad siente esto. Como cuando un niño desea asesinar a un animal sólo por el hecho de formar parte de la destrucción. Es una tristeza y una bronca que te recorre el cuerpo.

Ilustración / A.

En marzo mataron al Facundito. Tenía 12 años. Su abuela Mercedes del Valle Ferreira vomitó una carta que comunicó la eterna luchadora, La Garganta Poderosa. “¿Cómo se hace? ¿Cómo hacemos? ¿Quién se lleva este dolor? Para colmo, debemos soportar infinidad de historias falsas, circulando por internet o televisión, porque no, nada hubiera justificado lo que hicieron, pero mi nieto no robaba, ni manejaba un revólver, como inventa la Policía.”

En esta misma coyuntura, un personajillo de “El mendolotudo”, comparte un post que dice “Murió un pibe de 11 años en Tucumán, después de haber ocasionado un robo a mano armada junto a otros 6 pendejos. La policía actúa y se enfrenta a los tiros. Saldo: un muerto. Dejen de justificar a los delincuentes, hoy en día los mayores mandan a los pendejos (y a estos les gusta) a robar porque son inimputables. Es corta, robaste, le tiraste tiros a la policía, y recibiste un corcho en el mate, sea la edad que sea, SUERTE! así es la vida del hampa y la ley, si les gusta ser monos, vayan a vivir con Tarzán. Vengan de a 42.” ¿Crítica o reproducción? Lo cierto es que el post se llenó de monos que aplaudían con fervor dicho testimonio. Acá, acá a la vueltita. Seguramente puede ser algún conocido tuyo, o alguien con quién compartirías una cerveza.

La doctrina chocobar se sigue haciendo fuerte, disparar primero, preparar un discurso después. Decir eso que nadie se anima a decir por miedo a ser juzgado. En pocas palabras, decir lo que todos piensan y sienten en su corazón de neón militarizado. Las normas del juego están bien claras. Está bien claro que la población argentina desea sangre, desea que maten a más Facunditos, a más Brujos, a más Rafas. Que mueran mujeres en la clandestinidad del aborto, y que siga creciendo cuantitativamente (y cualitativamente) las desapariciones de personas y los asesinatos a plena luz del día.

¡No está lloviendo, nos están meando!

Y a muchos les gusta el amarillo.

Ilustración por A. / Fotografía original -milicos- de Pablo Piovano (perdón y gracias)

 

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