Por Carolina Bloch
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Tengo la boca reprimida y la lengua enardecida. Tengo la boca reprimida, literalmente, quemada por los gases que un yuta me descargó ayer sobre la cara, cuello, espalda y brazos. Un gas que siguió quemándome por horas y que fue bajando gracias a las redes amigas que me ayudaron a limpiármelo. Esas mismas redes con las que escondíamos mi bicicleta y la de mi amiga porque la razzia policial se había activado y nos estaban cazando. Esas redes con las que buscábamos abogades que rajaran a resguardar los cuerpos apresados por el gobierno de Cornejo y Suárez a través de la patota policial del jefe Munives. Es que temen el contagio de la insurrección chilena y nos dan un mensaje amedrentador y disciplinante. 

Como dijo esta mañana una amiga, lo que pasó la noche del 21 en Mendoza es de típica provincia facha y acomplejada por la falta de sucesos. La insurrección, en esta provincia, no pasa de la S que ya te meten palos. Tuve suerte y me escapé. No me cazaron como a les otrxs 25 compas de movilización, a quienes, además, les metieron una pateadura fea y todavía no sé cuánta cosa más. Fueron 25 personas encarceladas e imputadas con dos delitos, y esperamos pelear el sobreseimiento.

 

mendoza represión

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Esto pasó el lunes 21 de octubre, alrededor de las 21 hs. en la Plaza Chile de la Ciudad de Mendoza. Habíamos marchado hasta ahí, después de tres horas de concentración pacífica que sostuvimos en el Consulado de ese país, a dos cuadras del punto de la represión, para solidarizarnos con el pueblo chileno que está viviendo una predictadura sangrienta de parte del gobierno del multimillonario Piñera. Desaparece gente, reprime violentamente en las calles, arma el montaje de barricadas que el pueblo no hace, viola mujeres y cuerpos feminizados, crea espacios para la tortura y llena las cárceles de presxs políticxs. Mientras, el sentido común hegemónico sostiene que es la remake de la teoría de los dos demonios. El heredero de Pinochet dice que el país está en guerra: pacos con el aparato represivo del estado y el financiamiento del capital extranjero VS. el pueblo. 

El régimen capitalista neoliberal y heterofascista está integrado. Tiene sede en Santiago y se ejecuta con la orden del presidente de militarizar las calles echando mano a los viejos modelos del terrorismo de estado, y las declaraciones de la primera dama chilena que se mofa diciendo que esto es un ataque extraterrestre e invita a las amigas cuicas a “abandonar privilegios” para subsistir al caos. El pueblo chileno le saca el fuckyou al grito de No tenemos miedo, porque la sensación es que ya no hay nada que perder. A esta altura está siendo el combustible que sostiene al pueblo desafiando el terror y no retrocediendo a una paz que saben encubridora de las muchísimas opresiones y castigos sociales que viene padeciendo desde el “retorno a la democracia”.  Es aquel régimen el que está puesto en crisis. Después de todo, la democracia es ese significante vacío que se rellena con los intereses de la clase que la gobierne. Chile es ese tipo de democracia en la que vota el 36% de la población y es la sociedad que padece la brecha social más grande de Latinoamérica. ¿Qué costo político puede tener Piñera por todos los delitos de lesa humanidad que está cometiendo si llega al poder con esa legitimidad?

Habíamos llegado a Plaza Chile escoltadxs por algunos móviles, cosa que no nos pareció tan extraña ni jodida porque muchas otras veces eso pasa porque van cortando el tránsito. Quizás, en perspectiva, nos chupamos el dedo… Es que realmente no nos la vimos venir. En la plaza quedaban unas pocas personas que se habían movilizado antes desde el Consulado. Estaban lxs sikuris, gente sentada en el pasto, con niñes, con perros. La noche caía y como es habitual en esta ciudad, ya a las nueve no había casi nada de gente por ahí, solo les trabajadorxs de la estación de servicio. 

Algunas nos fuimos adentro de la plaza, otras personas quedaron en la calle pero sin ninguna intención deliberada de cortarla. De hecho, no lo estaban haciendo, porque quienes cortaban más arriba en Belgrano y Gutiérrez eran móviles policiales. 

Todo se desarrollaba con una cadencia apacible, a la concentración no le quedaba mucho y no debemos haber sido más de 100 personas. Incluso, el arribo del camión de bomberos parecía resultarnos normal, hasta que se bajó el cana que lo conducía y, con otros bomberos que desenrollaron la manguera, empezaron a tirar agua para dispersarnos. Cuando la corrida empezó, un bloque de infantería con escudos bajaba por calle Gutiérrez y un montón de yuta de civil empezó a meter caña y patadas, mientras los uniformados tiraban gases lacrimógenos y balas de goma. 

En esa redada se rompió el vidrio que tan bien le vino a la prensa hegemónica de esta comarca siempre doliente, para montar el show mediático que legitima la represión. Ese que sabe disfrazar la violencia policial de control del vandalismo, y que después doña rosa reproduce en la verdulería muy chocha porque se cree segura y hasta goza si ve que un yuta nos pega furiosamente. Y es que hay una deshumanización en la mirada sobre le otre que asusta. 

El jefe de la policía de Mendoza, Roberto Munives, con el escenario montado para lucirse como el hombre mano dura de Cornejo, herencia estelar para el gobernador entrante Rodolfo Suárez, empezó su performance cuerpo a cuerpo a pegar – como antes le había pegado a la bolsa – en una escena de ultraviolencia a lo Stanley Kubrick en la Naranja Mecánica, y no retaseó en patadas y piñas, en tiradas de pelo y gaseos a quemarropa. A mi misma me persiguió hasta la esquina siguiente. Me agarró y me gatilló el gas directo en la cara, me quemó toda y me dejó la boca hecha una esponja de carne. Lo tuve cerca. Le pude sentir el goce de magullar esos cuerpos que le parecen desechables, prescindibles, inservibles, vagxs estorbos y, a la vez, necesarios borregos cuya limpieza le da un brillo especial a su pistola, su chapa y su pija. 

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Creo que todo esto se pudo desplegar por nuestra condición de doñas nadies. Estábamos solxs. Quiero decir, no había partidos políticos ni organizaciones sociales, cosa que hubiese limitado bastante el nivel de saña. Si una mira la lista de presxs e imputades, reconoce que son pibis en su mayoría que no representan una amenaza a desestabilizar políticamente, más allá de la capacidad de tensión que una concentración tiene en la calle porque rompe con el “normal funcionamiento”. 

Y con esa necesidad de molestar nos congregamos. Con la necesidad a flor de piel de que el horror nos sensibilice, que no toleremos, que no tapemos la injusticia dejando que el normal funcionamiento le pegue un maquillaje a esta realidad de odio y muerte que descarga, no solo en Chile, sino en toda la región y también acá, más acá, en esta provincia, su violencia más cruda contra las otredades que el régimen escupe, contra los cuerpos abyectos de la pobreza, las lesbianas, las mujeres, las negras, lxs pueblos originarios, las travas, les discapacitades, les viejes, las putas y la mismísima yuta que los parió.

 

 

 

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