Tranquila amiga, no desesperés con invenciones. Pues yo siempre espero lo peor. No
sirven ya, ni siquiera, éstas invenciones. Lo veo en tu cara, en tus ojos abstraídos, en tus
silencios. Lo oigo en tu tono de voz, repentinamente en un gemido, en tu sexo. Mis
sentidos se apoderan de todo ello. Así que, como te digo, no tiene caso. ¡Pero no te
preocupes! Nada puede ser tan malo. Te digo que yo siempre espero lo peor, y es así;
encima hago la cuenta de ello sabiendo que, por lo tanto, lo único que me queda es una
tonta y creativa imaginación. Aunque no me sirva más que para enloquecer en mi cama
y dar vueltas por el living con un cigarrillo en la boca. ¿Cómo pretendés superar a un
fanático de las tragedias y las coincidencias? Es esto lo único que me queda. Lo demás
te lo llevaste vos, pero ya quedaba poco, muy poco, algunas migajas de lo que alguna
vez fui… Igual siempre me sentí ultrajado, como si la vida misma fuese un vacío. Pero
antes tenía valor, te enfrentaba, y punto. ¿A quién se le ocurrió lo de la memoria? El
hecho es que no pierdas el tiempo, para eso estoy yo. Y como te digo, en esto soy el
mejor, imbatible. Sé libre, y hacé lo que quieras, no caerás nunca tan bajo como mi
conciencia ni nadarás en los pantanos putrefactos de mis sentimientos. Hacé lo que
quieras, como quieras, sentite libre, igual me vas a volver loco.

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