Mi primer recuerdo tuyo es de las elecciones de 1999. Venías como el salvador, como el honesto que pudo lograr la alianza. Como el hombre blanco que nos iba a salvar de la mano de la sonrisa cuartatetera del Chacho Álvarez. Yo tenía nueve años y hasta me dieron ganas de votarte. Eso mismo pasó con el 48,5 % de los votos.

Fotografía de Sandra Cartasso

Todo se derrumbó muy rápidamente. El hombre honesto y serio, pasó a ser un dormilón bullineado al cual se le reía hasta Tinelli. CQC con un poco más de altura; pero siempre con el chiste fácil. Bobo, impotente, abandonado.

Que le hicieron una cama, que él no se lo merecía. Que esto venía pasando hace rato. Esas eran las frases que oía en mi entorno, desde la mesa chica donde comíamos lxs niñxs, se veía también la preocupación y la angustia de las personas adultas. Esa mesa empezó a ser cada vez más chica. La vergüenza de la nueva pobreza hacía que cada vez vea menos gente en mi casa. La mesa dejó de tener un plato de fideos, y empezó a tener una “divertida” merienda. No sé si lo sacaron de la película La vida es bella o qué, pero el té que empezó a reemplazar la cena, hacía que mi madre y mi padre se muestren cada vez más simpáticxs.

Cacerolear se convirtió en uno de los juegos más frecuentados por la junta de niñes durante aquel estío que se acercaba. Recuerdo el sonido metálico de un tenedor chocando contra un vaso de acero inoxidable. Protestábamos, con miedo y con vergüenza a veces.

Tengo la imagen de mi madre llorando y rompiendo una tarjeta Nevada. Yo sabía que algo muy triste estaba pasando. Sentí el hambre con la tristeza untada, y eso que mi clase era la media. Sentí la vergüenza por haber preguntado “¿En serio vamos a comer esto?”, y que la respuesta de  sea “no hay plata, Genaro”.

El tercer recuerdo es de cuando diste la orden de reprimir. Se me viene espontáneamente el número “38” a la cabeza. Es la cantidad de muertes que dejó tu última acción siendo presidente. En algún momento de mi niñez adolescente de 2001, 2002, también te adjudiqué las muertes Kosteki y Santillán, por pura ignorancia política, pero cierto que eso fue en manos del peronista cabezón.

El bueno, el honesto, el bobo, el dormilón, el aburrido.

Se te debería recordar simplemente como el asesino represor que fuiste. El que nunca fue juzgado por lo que hizo. No debería haber otro adjetivo para vos antes que ese, basura. La patria para mí, fue también el 2001.

Fotografías de diferentes autorxs tomadas entre el 19 y 20 de diciembre de 2001 – Archivo ARGRA

 

 

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