El rumbo tomado por la trama de ‘Game Of Thrones’ en el último episodio desvió el sentido de la figura de la heroína, uno de los personajes más queridos de la serie. Las decisiones sobre el desarrollo de la historia han recaído (una vez más) en las plumas (o teclados) de varones y condicionan los significados que masivamente circulan a través del programa.
Por Abi Ro

 

En tiempos de streaming y frente a la ‘tiranía’ de Netflix, es necesario poner en debate el inmenso poder para la construcción de sentidos que tienen las series como productos culturales del momento y los discursos subyacentes en las tramas que ponen en circulación. El fenómeno ‘GOT’ (Juego de tronos en español) es uno de los más llamativos por la cantidad de espectadores a nivel mundial que ha atrapado, y cierto universo de culto que ha ido creando a su paso.

Estas reflexiones no pretenden inmiscuirse en la trama argumental que desarrolla la serie, el rumbo que toman las historias con el fin de hacer más interesante y atractivo el show, o su referencia a los libros que la precedieron, sino ahondar un poco en los significados de ciertas temáticas puestas en circulación por medio de un canal tan masivo como el que representa Game of Thrones, considerado el programa más visto en el mundo.

Si bien a lo largo de las ocho temporadas exhibidas muchos personajes han ido madurando, convirtiéndose en quienes son ahora, y algunos análisis han afirmado la tendencia de la serie a mostrar el empoderamiento de mujeres que debieron atravesar situaciones límite y aprender a sobrevivir abriéndose camino en un mundo dominado por varones (¡coincidencia!), algo resuena en los últimos episodios transmitidos y no son precisamente los pasos de las vencedoras…

El personaje de Daenerys Targaryen, hasta hace poco única heredera sanguínea al trono de Hierro, fue evolucionando hasta convertirse en una mujer fuerte, que construyó su poder desde cero y sorteando todos los obstáculos imaginables, hasta obtener un gran ejército, pueblos leales a su gobierno, amores libres y algunos dragones. Una de las cosas que hacía interesante a Khaalesi, se fundaba en que más allá de sus ansias de poder y venganza, deseaba ejercer su derecho legítimo a reinar sobre Poniente para terminar con las injusticias y quebrar la rueda de la dominación, hecho que le valió el amor de muches y el apoyo a su causa como ‘rompedora de cadenas’.

Sin embargo, en los últimos episodios comienza a cuestionarse su capacidad para gobernar, la falta de condiciones o el estado mental de la protagonista cuya participación fue fundamental para salvar al mundo de les vives. Ha pasado por muchas cosas difíciles, el poder se le subió a la cabeza, no son las formas para imponer su reinado, sólo busca llegar al trono y nada más, etc. Frases que suenan familiares cuando refieren a mujeres que ocupan alguna posición jerárquica.

Pero el rumbo que se le ha hecho tomar al personaje en el último episodio ha sido drástico y no se fundamenta en los principios humanos que Daenerys ha defendido a lo largo del programa.  De un momento a otro, la naturaleza arrebatada de sus emociones la domina y en acto de locura extremo, a pesar de ser ya la vencedora, prende fuego la ciudad con todos sus habitantes, incluides niñes, mujeres, ancianes, que se habían rendido previamente. Ese giro de la trama no se explica sino como una forma de descalificar a la protagonista para el ejercicio del poder, ya que los mismos motivos esbozados en este caso podrían aplicarse a Jon Snow, Targaryen también, traicionado y asesinado por sus propios hombres, negado su origen y sus derechos reales, discriminado como bastardo, etc.

La historia de empoderamiento y crecimiento de la ‘Madre de dragones’ concluye en la locura, el desequilibrio y emotividad desmedida; guiada por las ideas de cuatro varones, los dos guionistas de los últimos episodios David Benioff y D. B. Weiss; y los dos directores de la octava temporada David Nutter y Miguel Sapochnik. Son los hombres que siguen representando cómo son las mujeres en la ficción.

Imagen por A.

A través de esta visión, vuelven a contar cómo una mujer cambia injustificadamente todos sus principios y objetivos en pos de su ‘naturaleza irracional’, sus sentimientos, su incapacidad de manejar el poder construido que utiliza negligentemente.

Como si fuera poco, (¿casualmente?) aparece un varón como el candidato perfecto para ejercer el cargo. Se comparan sus capacidades, se pondera su humildad frente a la altanería y soberbia de ella (porque si es mujer en un lugar de poder es mandona, malhumorada, tiene carácter fuerte; el ego ha estado históricamente reservado a los hombres y por tanto es cuestionado en las mujeres). A su vez, las emociones de Jon (que es un Targaryen y podría cuestionarse su estado mental) no lo descalifican como a Daenerys que está desequilibrada, loca, histérica, no puede controlar sus emociones y actúa por impulsos (el estereotipo determina que las mujeres son las irracionales y sentimentales que se dejan dominar por las emociones; mientras que ellos son los que pueden manejar sus impulsos con la cabeza ¡pff!). Otro punto favorable para un posible reinado de Snow es la aceptación general de su gobierno, frente a la tensión que la ‘madre de dragones’ produce en muchos sectores y pueblos por ser una mujer, por plantear cambios radicales en el sistema de castas, por no doblegarse a otros gobernantes ni ser complaciente y amable (cualidad exigida en las mujeres).

Por otro lado, se expresa una visión del poder nefasta y totalitaria, con elementos que se reconocen en discursos considerados apolíticos. ‘Juego de Tronos’ es justamente el juego, o los juegos, que van configurando la construcción de poder y el ejercicio del mismo en el reino de Poniente. A lo largo de toda la serie se detallan los terribles gobiernos que han debido soportar los habitantes de los siete reinos, caracterizados por el dominio autoritario, el usufructo de la posición de privilegio con fines personales, el egocentrismo y el deseo del ejercicio de poder por el poder mismo; sin una causa que busque el beneficio colectivo o el bienestar de los pobladores.

Daenerys comenzó su camino al trono no sólo basada en deseos personales de gobernar, sino sobre todo motivada por modificar el sistema injusto de opresión existente. Ahora que se acerca a ello, se cuestionan los propósitos del personaje, y se plantea que ha cambiado su objetivo, que, como todes les anteriores gobernantes, sólo le interesa llegar al poder y obtener beneficios personales (en este caso la venganza y la obtención del trono que ella cree propio). Se afianza la idea que la cercanía al poder corrompe y transforma, que por más buenas intenciones y proyectos colectivos que le candidate tenga al llegar al cargo cambiará y terminará siendo uno más que se beneficia de su puesto, y que, finalmente, la política será siempre ese juego sucio que combina los intereses más oscuros y sólo se cambia para que nada cambie.

Estos aspectos terminan reproduciendo el discurso ‘apolítico’ (bastante político en realidad) que no distingue intereses, clases sociales ni dirigentes entre sí, el mismo que beneficia al status quo, que desalienta la participación masiva en los asuntos colectivos, dejando las decisiones fundamentales en las mismas pocas manos de siempre.

Si bien aún falta un capítulo para conocer el final, pueden verse los hilos que van tejiendo el desenlace en pos de un gobierno ejercido por hombres, a partir de historias de mujeres que siguen siendo escritas y dirigidas por hombres; poniendo en circulación un gran número de representaciones y significados que reproducen ciertas ideas del mundo, la política y las diferencias de género.

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